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Sistemas contra incendio, el rociador

28 Ago , 2018  

Rociadores

Los rociadores automáticos son uno de los sistemas más antiguos para la protección contra incendios en todo tipo de inmuebles. Fueron creados para detectar conatos de incendio y apagarlo con agua o controlarlo para que pueda ser apagado por otros medios, los rociadores automáticos protegen prácticamente la totalidad de los inmuebles, salvo contadas ocasiones en la que el agua no es recomendable como agente extintor y deben emplearse otro tipo de sistemas más adecuados.

En su funcionamiento más común el concepto es muy sencillo, el portal Prefire.es indica que se trata de una red hidráulica presurizada con agua y boquillas de descarga, los rociadores. Sobre los cuales la incidencia directa de la temperatura provoca un desprendimiento de parte de su cuerpo liberando agua en cantidad suficiente para empapar determinada área.

Debido a su gran poder de descarga de agua, otra de las principales funciones que tienen las instalaciones de rociadores es la de refrigerar, por lo que es frecuente recurrir a este tipo de sistemas para proteger estructuras de edificios construidos con materiales deformables como la madera o hierro.

De esa manera evitar o minimizar la necesidad de tratar dicha estructura con sistemas de protección pasivas contra el fuego, evitando el impacto estético negativo en su estructura interior. Es principalmente ocupado en los inmuebles catalogados por su alto valor patrimonial que podemos consultar al INAH.

La vida útil de los rociadores automáticos depende en gran medida de las condiciones ambientales a las que se encuentran sometidos. No obstante, basándose en la experiencia acumulada durante más de cien años, la normativa indica que se deben de realizar pruebas en muestras de rociadores instalados con una antigüedad de

  • 50 años, si son del tipo estándar
  • 20 años, si son de respuesta rápida
  • 5 años si son de alta temperatura

Los sistemas de rociadores automáticos tienen como objeto la protección de vidas y bienes. Para que cumplan su función hay que asegurarse de que se realizan las labores de supervisión y mantenimiento necesarias con objeto de que, en caso de incendio, esté garantizado su correcto funcionamiento.

Una válvula de seccionamiento cerrada temporalmente para efectuar una labor de mantenimiento (y que se dejó así por descuido); un rociador pintado durante la última rehabilitación del edificio; o un grupo de bombeo temporalmente fuera de servicio, pueden tener consecuencias catastróficas.

 

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