Crossfit en DF

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Mi primer día practicando Crossfit

17 May , 2018  

Al igual que en otras ciudades, el Crossfit en el Df está en auge. Ya no es raro ver centros que se dediquen solamente a esta disciplina y como cada vez son más las personas que se deciden por esta disciplina que te lleva a superar tus propios límites y no estoy exagerando, es la voz de la experiencia quien habla por mí.

Como tantas otras personas, yo no llegue a un centro por casualidad, mi hermana que ya llevaba al menos dos meses entrenando me convenció de tomar una clase, asegurándome que si no lo soportaba podía buscar otras opciones para hacer ejercicio. No perdía nada y debo admitir que la idea de entrenar en grupo sonaba más tentadora que ir al gimnasio y estar sola  como otros con las máquinas.

Mi primera clase de Crossfit fue por la tarde, y me prepare para trabajar con personas que en la vida había visto. Al llegar al recinto todos se saludaron y me recibieron como otra más de ellos. Ninguno de ellos parecía del tipo de personas que estuvieran metidas en el gimnasio por mucho tiempo: señores de 40, chavos de 16, mujeres de 30, incluso un niño de 12. No había absolutamente ninguna relación con las edades de las personas.

En una pizarra estaba anotada la rutina que se llevaría a cabo ese día, todas las terminaciones en inglés y yo sin entender a qué se refería cada una. El ambiente era animado, las personas se preparaban en la habitación y yo solo podía sentir como los nervios comenzaban a instalarse en mi estómago ¿En qué diablos me había metido? Pensé mientras el coach tomaba su posición en la parte delantera para dar indicaciones y buscar a sus nuevas víctimas. Sentí cuando me encontró entre el grupo de 15 personas.

Después de eso, tuve la hora más pesada de ejercicio de mi vida: calentamiento con cuerda, sentadillas, saltos, abdominales, los gritos de guerra de cada persona. Acababa la serie y vuelve a empezar. Me sentiría orgullosa de decir que acabe todo en tiempo y forma, pero esa primera ocasión no logre ni el mínimo requerido. Estaba frita, sudando en lugares que no sabía que sudaban, mi cuerpo y mi orgullo hechos puré.

Sin embargo, lejos de burlas o cuchicheos a mi espalda, las personas chocaban palmas conmigo, me decían que lo había hecho genial, y demás palabras positivas. Con el tiempo supe que este deporte no es de quien se siente con el orgullo herido y se va, sino de las personas que dejan bien escondido el orgullo y la vanidad para someter a su cuerpo a un entrenamiento físico que constantemente te dejará exhausto, adolorido por todos lados y con ganas de darte por vencido, para al final seguir la siguiente rutina.

Si, probablemente he visto algunas lesiones, pero igual pasa en cualquier deporte, ese es el riesgo. A diferencia de las máquinas de Smart Fit, este deporte no es solo de ir más allá de tus limites, sino también apoyar a que los que se ejercitan contigo se esfuercen por romperlos.

 

 

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