Artesanías

Hombre de arte, hombre creyente; artesano destacado

28 Jun , 2018  

 

Las artesanías siempre han sido y serán un símbolo de identidad cultural y cada pieza lleva el sello de cada creador. Tal es el caso de jesus guerrero santos, un artesano jalisciense que en primera instancia su rol social era de arquitecto, incluso estudió tres años esa carrera en la universidad.

Después optó por la carrera sacerdotal por cinco años, pues se caracteriza por ser una persona muy religiosa, incluso sus obras tienen fuertes tendencias barrocas y religiosas, asimismo, cursó una maestría en Desarrollo Humano en la ITESO.

Más allá de sus logros académicos, hablamos de un hombre que se empeña por conservar el arte tradicional mexicano y ya ha cumplido más de 20 años de carrera. Su fuerte es la cerámica de talavera en donde principalmente plasma iconografía guadalupana, aunque también se pueden observar figuras como gallos, águilas o soles, así como pintura mexicana del siglo XIX.

Jesús Guerrero Santos fue invitado por el vaticano para decorar el árbol de Navidad del año pasado, el árbol lucio frutos propios de las posadas, esferas en vidrio soplado, querubines con rostros de niños muy mexicanos y nidos de pájaros, además de cuatro grandes escudos con la saturación, Gloria in excelsis Deo; corona su punta una gran estrella de alpaca.

En 1988 cuando se inicia en la producción de la cerámica, de 1991 a 1995 funge como director del Instituto de Artesanía Jalisciense, logrando la participación de dicha dependencia en diversos eventos de talla internacional. Los últimos 15 años de su vida los ha dedicado a la investigación de la cerámica vidriada y ha sido su pasión desde entonces.

Por supuesto tomando siempre en cuenta las importantísimas colecciones como las del Museo Franz Mayer, Dr. Atl y Sayula. Su línea de cerámica y alpaca es totalmente original en diseño, forma y color.

En sus propias palabras podremos entender mejor el porqué su gusto por la artesanía y a la cultura mexicana:

“Soy resultado de una generación que tuvo la oportunidad de pensar que el bistec no es industrial, que los huevos los dan las gallinas y, gracias a eso, disfrutar ahora de la textura y del color del barro, y enorgullecernos de que en los museos europeos más importantes esté presente la artesanía del siglo XIX de Tonalá, de que por ahí anden mantos de pluma y platería mexicana. Se necesitan ahora estas cosas no para reinventar el arte popular, porque ya está hecho, pero sí para darle luz al artesano, saberle aplaudir y para que nosotros mismos apreciemos y valoremos lo que hacemos”.

 

 

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